El mar y los ojos.
Si tus hermosos ojos
húmedos fueran el mar,
Los míos serian el
arrecife donde revienten las olas,
Una y otra vez
chocando los dos y desatando penas,
Alegrías sinceras,
exaltadas y duraderas,
El mundo se creó a
partir de nuestro encuentro,
Tus risas y miradas
me atraparon, turbio, violento, necio,
El silencio se
reventó de golpe y tuve palabras para entregarte,
Tuve la dicha de
cortejarte y entre todo eso amarte,
Desde el primer
encuentro te he tenido en cielos,
Azules claros llenos
de misterios, verde el horizonte donde creces,
Hermosa flor de del
campo, me deleita olerte,
Perfume suave,
fragancia del día, oriunda del reino del amor,
Mujer segura de tez
campechana, dueña y soberana de mí ser.
En tus divinas manos
entrego mis sueños sombríos y llanos,
Deje de buscar porque
al ver tus ojos hallé las respuestas del mundo…
Entonces rendí mi ser
a dios, quien me dio paraísos en tu cuerpo,
Una boca para besar,
una piel para acariciar, un corazón para amar,
Un alma para rezar,
una esperanza para la vida, un sueño sin malversar,
Inocencia para
resguardar, emociones para intensificar,
Tu corazón me
pertenece en pensamiento, porque pienso en él,
Si en el no pensará
no serviría de nada tu hipnótica mirada,
Simplemente yo sería
la nada en tu magnifico todo, porque no existiría,
Nunca te habría
perseguido, ni hubiera sido tan
orgulloso loco,
Doy gracias al
bendito y a esta alma cazadora de lobo,
Porque de ellos me he
valido para tomar tu corazón poco a poco,
Con alas que me han
prestado y astucia que me han otorgado,
Solitario y efímero
mi sentir por el mundo, tan distante y tan compartido,
Solo tú puedes tener
imagen sin razón o conciencia, porque así lo han designado,
Me has descifrado
entre letras y besos, entra sonrisas y llantos,
Juntos hemos sido
uno, el único modo, el único canto,
Música armoniosa del
mundo, tu voz y la mía cantando,
Tras la figura de la
alborada, el corazón entregamos,
Entre roces de
nuestras formas nos ha devorado la oscuridad,
Y hemos renacido con
los primeros rayos del sol,
El cual nos ilumina
después de vivir en penumbras,
Como salvajes
amantes, nos hemos destrozado,
Entre delicias y
pecados, en la mañana el amor nos ha salvado,
Porque fuimos hechos
para ello, para amarnos,
Entregarnos en piel y
cubrirnos de los tormentos del mundo,
Con cálidos abrazos,
Si tus hermosos ojos húmedos fueran el mar,
En ellos ahogaría
diario la razón, para convertirme en un loco enamorado.
Siempre tuyo. Luis
Enrique Méndez Rosas.
Te amo Yolanda desde
siempre y para siempre te entrego el alma.
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