lunes, 21 de julio de 2014

El mar y los ojos.

El mar y los ojos.
Si tus hermosos ojos húmedos fueran el mar,
Los míos serian el arrecife donde revienten las olas,
Una y otra vez chocando los dos y desatando penas,
Alegrías sinceras, exaltadas y duraderas,
El mundo se creó a partir de nuestro encuentro,
Tus risas y miradas me atraparon, turbio, violento, necio,
El silencio se reventó de golpe y tuve palabras para entregarte,
Tuve la dicha de cortejarte y entre todo eso amarte,
Desde el primer encuentro te he tenido en cielos,
Azules claros llenos de misterios, verde el horizonte donde creces,
Hermosa flor de del campo, me deleita  olerte,
Perfume suave, fragancia del día, oriunda del reino del amor,
Mujer segura de tez campechana, dueña y soberana de mí ser.
En tus divinas manos entrego mis sueños sombríos y llanos,
Deje de buscar porque al ver tus ojos hallé las respuestas del mundo…
Entonces rendí mi ser a dios, quien me dio paraísos en tu cuerpo,
Una boca para besar, una piel para acariciar, un corazón para amar,
Un alma para rezar, una esperanza para la vida, un sueño sin malversar,
Inocencia para resguardar, emociones para intensificar,
Tu corazón me pertenece en pensamiento, porque pienso en él,
Si en el no pensará no serviría de nada tu hipnótica mirada,
Simplemente yo sería la nada en tu magnifico todo, porque no existiría,
Nunca te habría perseguido, ni hubiera sido  tan orgulloso loco,
Doy gracias al bendito y a esta alma cazadora de lobo,
Porque de ellos me he valido para tomar tu corazón poco a poco,
Con alas que me han prestado y astucia que me han otorgado,
Solitario y efímero mi sentir por el mundo, tan distante y tan compartido,
Solo tú puedes tener imagen sin razón o conciencia, porque así lo han designado,
Me has descifrado entre letras y besos, entra sonrisas y llantos,
Juntos hemos sido uno, el único modo, el único canto,
Música armoniosa del mundo, tu voz y la mía cantando,
Tras la figura de la alborada, el corazón entregamos,
Entre roces de nuestras formas nos ha devorado la oscuridad,
Y hemos renacido con los primeros rayos del sol,
El cual nos ilumina después de vivir en penumbras,
Como salvajes amantes, nos hemos destrozado,
Entre delicias y pecados, en la mañana el amor nos ha salvado,
Porque fuimos hechos para ello, para amarnos,
Entregarnos en piel y cubrirnos de los tormentos del mundo,
Con cálidos abrazos, Si tus hermosos ojos húmedos fueran el mar,
En ellos ahogaría diario la razón, para convertirme en un loco enamorado.

Siempre tuyo. Luis Enrique Méndez Rosas.
Te amo Yolanda desde siempre y para siempre te entrego el alma.




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